Es verdad. Cada día las bombas caen más cerca. Me acabo de enterar. Esta mañana ha muerto mi amigo Gaspar Rey, en el autobús, volviendo del trabajo a casa. De un infarto cabrón. Quiero contar muchas cosas de él, pero no puedo. Hace años, en mi primer libro le dediqué el poema que trascribo aqui mismo. Sé que te voy a echar mucho en falta. Y que te quiero.
Salmo 32
Todo tiene su riesgo,
incluso las habitaciones vacías,
porque a menudo el cuarto, sus paredes,
enchufes, rodapiés, muescas, pintura,
atrapan al que llega y le hacen mueble.
Por si acaso tiende uno a despegarse,
pero es esfuerzo estéril, pues al poco
se piensa en el sofá, y en ese hueco
la lámpara de bronce, allí un retrato,
o aquí queda muy bien la estantería.
Todo tiene su riesgo. Incluso huir,
salir fuera, a la calle y no pensar
en planos, circunloquios, jeroglíficos.
No concebirse uno como un mueble
que pasa un rato aquí por esta casa
y un tiempo por error en otra edad.
Que nos queda ser huérfanos, o ser
libro de compraventa sin postor.
Ay, qué pena me ha dado, Jesús. Pobre Gaspar Rey, siempre en su puesto en cualquier convención gastronómica. Siempre incansable y activo. Ay el corazón enfermo que se cansa de latir...
ResponderSuprimir(Siempre lo recordaré por aquel feliz día del revuelto con sobrasada menorquina).